LA CAPITAL

El fenómeno «Therians»: falta ver lo peor…

Edición 042/2026

(HBM Noticias).- Chihuahua.- México enfrenta en la actualidad un fenómeno inquietante y preocupante que avanza. Cada vez más algunos grupos de jóvenes y personas adultas adoptan identidades que hace apenas una década habrían parecido impensables y hasta tema de risa.

No hablamos solo de expresiones personales, sino de narrativas que llevan a adolescentes y adultos a proclamarse animales, criaturas míticas o entidades no humanas, como ocurre con los llamados «therians».

Lo preocupante no es la existencia de estas expresiones, sino la velocidad con la que permean en el colectivo social, se normalizan sin análisis, sin guía y sin sentido de lógica.

Hoy tenemos que un joven puede decir que es un lobo, mañana, que es un dragón… y pasado mañana, que es un extraterrestre. Todo esto raya en la locura social, pero refleja una grave confusión mental, una distorsión básica de la realidad que tiene diversos orígenes.

Por más extraño que parezca, en los últimos años se ha instalado la idea de que cualquier forma de autoidentificación debe aceptarse sin cuestionamiento incluso legalmente, son las consecuencias gravísimas de la ideología de género, política pública y social que lleva en nuestro país más de 20 años de haber sido impulsada por todos aquellos funcionarios y colectivos «progres» desde todas las esferas.

Ese pensamiento fuera de toda lógica llevada al extremo, ha creado un terreno donde la confusión se disfraza de identidad, y donde los padres, maestros, instituciones, temen ahora a intervenir por miedo a ser señalados de discriminación.

Cuando un joven o una persona adulta afirma ser un animal o una entidad fantástica, como pasa con los llamados «therians» no hay que aplaudir, tampoco se trata de ridiculizar a la persona. Se trata de escucharlo, platicar con él y acompañarlo, de ayudarle a distinguir entre una fantasía y la realidad.

Las redes sociales han creado también rápidamente comunidades que ofrecen pertenencia instantánea, pero no necesariamente estabilidad emocional. Ahí, cualquier etiqueta se convierte en identidad, cualquier emoción en diagnóstico, cualquier fantasía en creencia, es algo sumamente preocupante.

Ya estamos viendo en las noticias aquí en Chihuahua de próximas congregaciones en plazas públicas, incluso de personas en otros estados del país que bajo este fenómeno han mordido y atacado a civiles, al sentirse animales, no seres humanos.

No es exageración decir que en México y en el mundo estamos viendo una generación sin brújula, donde la identidad se construye a partir de tendencias digitales como los llamados «therians».

Cuando un joven dice que es un animal, una criatura fantástica o una entidad no humana, no estamos ante un debate de derechos, estamos ante un fenómeno psicológico, cultural y educativo que requiere acompañamiento, no validación automática socialmente hablando.

Si mañana alguien dice que es una computadora, un satélite o un ser interdimensional, ¿la sociedad debe simplemente asentir?, claro que no, pues seriamos corresponsables de esa situación, mas con nuestros hijos, con las nuevas generaciones.

Es preocupante como en el caso de Chihuahua este fenómeno social, como en el resto del país, sigue creciendo y se están viralizando en redes fechas próximas para reunir a todas estas personas en diversas ciudades que irán disfrazadas en su mayoría de animales.

Respetar a las personas no significa renunciar al sentido común, sin embargo los discursos y las tendencias culturales sí deben discutirse especialmente cuando afectan a jóvenes que están formando su identidad, ¿qué futuro nos espera sino hacemos algo para rescatar a estas juventudes?.

En medio de estas distracciones virales que consumen tiempo valioso y energía pública, México necesita volver la mirada hacia verdaderos faros: personas, instituciones y proyectos que inspiren, que eleven la conversación y que nos recuerden de qué estamos hechos.

Un país con tanto talento, dignidad y capacidad merece guías que convoquen a lo mejor de nosotros, no a lo más ruidoso y escandaloso como sucede tristemente en nuestra política. Recuperar el sentido común y la aspiración colectiva pasa por elegir con cuidado a quién escuchamos y qué ejemplos decidimos asumir; ahí empieza la posibilidad de alcanzar un México mejor.

Al tiempo.